Las distracciones pueden parecer inofensivas, pero cuando comienzan a ocupar el tiempo, la atención y nuestro corazón que debemos dedicar a Dios, pueden terminar debilitando nuestra vida espiritual.
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Una distracción de nuestros tiempos
Las redes sociales, como distractores modernos, son un arma muy efectiva que el enemigo está usando en estos últimos tiempos para que las personas estén entretenidas y muy dependientes de ellas, aun los cristianos.
En la última prueba PISA 2026 el mundo ha quedado sorprendido ante el retroceso en la educación de los niños, y especialistas afirman que se debe al uso de las redes sociales y a la Inteligencia artificial, a lo cual veremos la aparición de leyes para restringir su uso en menores en edad escolar.
Diversos países ya han prohibido o regulado el uso de las redes sociales en menores de edad porque aseguran que daña la salud mental. Algunos incluso dicen: “Les está robando la infancia”; y a los cristianos nos puede estar robando nuestra vida espiritual.
Hubo un tiempo en que, quien escribe estas líneas, todos los días le gustaba mirar las redes sociales. No tanto por las publicaciones de personas, amigos, videos virales o shorts, sino principalmente por las noticias.
Me gustaba conocer el acontecer nacional e internacional, mirar las opiniones de las personas sobre las noticias del momento y también informarme de lo que sucedía en otros países.
Sin darme cuenta, aquello estaba ocupando cada vez más mi atención.
Mi conciencia me advertía
Pero algo dentro de mí me decía que no debía estar mirando durante mucho tiempo y que tuviera cuidado.
Entonces dejaba de mirar un poco, pero luego volvía nuevamente.
Así pasaron varios días.
Hasta que llegó un momento en que me sentí mal y comenzó a dolerme el estómago. En ese momento no entendí que se trataba de un segundo llamado de atención.
Después pasaron algunos días y nuevamente aparecieron los mismos síntomas, pero esta vez acompañados de malestar general, escalofríos, fiebre y debilidad extrema; estuve muy mal.
Pensé que podía tratarse de uno de los tantos ataques del enemigo y comencé a reprenderlo, pero nada sucedía.
Entonces me puse a orar.
Comprendí que debía examinar mi vida
Mientras oraba, comencé a analizar mi vida y a preguntarme por qué o para qué Dios estaba permitiendo aquello.
Fue entonces cuando entendí que estaba demasiado distraído con las noticias.
Mientras oraba sentía el fuego del Espíritu Santo y entendí que el Señor me estaba respondiendo.
Recordé algo que yo mismo le había pedido anteriormente a Dios, le había dicho al Señor:
“Si estoy haciendo algo mal, si estoy cometiendo errores o haciendo algo que pueda mermar mi vida espiritual, repréndeme y házmelo saber para que pueda corregirme y cambiar”.
Entonces comprendí que aquello que estaba viviendo era la reprensión de Dios.
Gloria a Dios. Y pensé:
¡Estoy dispuesto a sufrir la reprensión de Dios en esta tierra antes que sufrir eternamente en otro lugar!
Una enseñanza volvió a mi memoria
Luego vino a mi mente una enseñanza del pastor que había escuchado anteriormente: debemos tener cuidado con el tiempo que pasamos en las redes sociales y que media hora puede ser suficiente para revisar alguna noticia y conocer lo necesario de lo que sucede.
Para mí aquello fue otra respuesta que llegó en el momento indicado.
Así que decidí comprometerme a ponerlo en práctica.
No necesitaba estar constantemente pendiente de cada noticia, de cada novedad ni de cada nueva publicación.
Necesitaba estar concentrado en lo espiritual.
Un sueño sobre la responsabilidad de influir en otros
Esa misma madrugada tuve un sueño.
Soñé que era como alguien de la realeza (así son los hijos de Dios, son hijos del Rey) y que muchas personas seguían lo que yo hacía.
Lo que hacía podía influenciar en los demás.
En el sueño entendía que debía poner algunas cosas en orden y determinar qué cosas podían hacerse y cuáles no.
Pero también entendía que debía tener mucho cuidado con lo que decía y hacía, porque otras personas podían imitarme, equivocarse o ser influenciadas por mi ejemplo.

Al despertar pensé que el Señor podía estar enseñándome algo relacionado con lo que estaba viviendo.
Si yo enseño que debemos evitar las distracciones, también debo procurar vivir aquello que enseño.
De lo contrario, ¿cómo podría enseñar a otros a no estar demasiado pendientes de las redes sociales mientras yo mismo permanezco distraído con ellas?
También entendí que las personas que nos observan pueden llegar a pensar que determinadas conductas están bien simplemente porque las ven en nosotros.
Por eso debemos procurar dirigir correctamente nuestros pasos y no dar un mal ejemplo a los que están alrededor.
“Debes estar concentrado”
Durante aquellos dos días recibí en mi mente palabras que aún resuenan en mi ser:
“Si yo voy a hacer cosas grandes en ti, tú tienes que redoblar tu esfuerzo; no puedes estar en las cosas de este mundo, pendiente de ellas. Quieres arrebatar mis promesas, debes estar concentrado, como le dije a mi siervo Josué: meditaras en mi ley de día y de noche.
Yo soy celoso, no te quiero compartir con lo que el mundo hace, estar metido en redes sociales y las noticias, pendientes de lo nuevo.
Los atenienses en nada se interesaban que en escuchar algo nuevo, en algo novedoso, en una noticia nueva; así no puedes estar (Hechos 17:21).
Te quiero solo para mí, concentrado en mí. Recuerda lo que dijo el pastor: 30 min al día para ver alguna que otra noticia, para enterarte de lo que sucede, suficiente, porque darle más tiempo te desconcentrara.
Te he prometido cosas grandes, y al que más se le da más se le demanda.
Demandó más entrega, más esfuerzo, más dedicación. Las bendiciones grandes ya están dadas, está en ti alcanzarlas, hacer lo que te digo.
Recuerdas antes, cuando estabas más concentrado en mí y casi no mirabas noticias y no estabas pendiente de las redes sociales, mi poder era más fuerte en ti, me manifestaba más rápido, estaba más activo mi Espíritu en ti.
Has esto y viviréis, y tu vida espiritual no menguará, y yo creceré en ti.
De lo contrario te separas hijo. Muchos de mis hijos están secos como la higuera que no da fruto, porque andan concentrados en las redes sociales, en lo que tú mismo has experimentado y te has dado cuenta. Yo hice que te des cuenta para que cuentes tu testimonio y enseñes a los demás”.
El ruido que no nos deja escuchar
Mientras escribo estas líneas, me puse de rodillas y oraba al Señor, y le dije: “Señor, tú me has estado hablando, te agradezco; nunca dejes de hablarme, de corregirme, por favor te lo suplico”.
Y escucho lo siguiente:
“yo siempre hablo hijo, mi voz es como el silbido apacible; ustedes no la pueden oír porque hacen mucho ruido, con los afanes de este mundo, la falta de fe, los distractores, estar concentrado en otras cosas. Es como el ruido en las telecomunicaciones: cuando hay un ruido, no se oye bien; así sucede con ustedes, por eso no escuchan mi voz”.
Esta comparación me hizo reflexionar.
Dios siempre nos está hablando, de alguna u otra forma, pero nosotros hacemos mucho “ruido” y eso nos impide escucharlo.
No podemos escuchar a Dios mientras nuestra mente permanece llena de noticias, videos, preocupaciones, conversaciones y distracciones.
El problema no es que Dios no hable. Somos nosotros que hacemos mucho “ruido” y eso no nos deja oírlo para oírlo.
Lecciones para recordar
Las redes sociales necesitan límites
No todo lo que aparece en las redes sociales es malo, pero debemos vigilar cuánto tiempo y atención les entregamos.
En mi caso, decidí limitar el tiempo dedicado a revisar redes sociales y noticias a 30 minutos por enseñanza de Dios.
No necesitamos conocer cada novedad
Siempre habrá una noticia nueva, otra opinión, otro video y otro acontecimiento.
Si intentamos estar pendientes de todo, nunca terminaremos.
Debemos cuidar nuestra vida espiritual
Las distracciones nos quitan tiempo para orar, leer la Biblia, meditar y buscar a Dios.
Nuestro ejemplo puede influir en otros
Si enseñamos algo, debemos procurar también vivirlo. Las personas que nos rodean nos observan quizá más de lo que imaginamos.
Para escuchar a Dios necesitamos reducir el ruido
A veces necesitamos apagar el teléfono, alejarnos de las noticias y permanecer en silencio para oír a Dios.
Para reflexionar
¿Cuánto tiempo de mi día estoy entregando a las redes sociales, las noticias y otras distracciones?
¿Estas cosas solamente me informan o están comenzando a dominar mi atención?
¿Tengo momentos durante el día en los que verdaderamente permanezco en silencio, oro, leo la Palabra y medito en Dios?
Para poner en práctica
Durante los próximos días puedes hacer una prueba sencilla:
1. Dedica durante el día solo 30 minutos para revisar noticias o redes sociales.
2. Evita revisarlas inmediatamente después de despertar.
3. Aparta primero un momento para orar, leer la Biblia y cantar un coro o himno.
4. Observa durante los siguientes días si tienes mayor tranquilidad y concentración en las cosas espirituales.
5. Pregúntate al finalizar el día:
¿Hoy hubo más ruido en mi mente o hubo más espacio para Dios?
Toda la gloria sea para Dios.

